Category: religión

Ouija

Hace un tiempo, días antes de la noche de Todos los Santos, o Halloween como lo llaman ahora, participé en una sesión de Ouija.

La ouija, como seguramente sabréis, se trata de una tabla con letras, números y algunas palabras marcadas que se utiliza para ponerse en contacto con espíritus, fuerzas cósmicas, el subconsciente colectivo de los participantes… con algo indeterminado y místico que responde a las preguntas que se formulan moviendo una pieza (en este caso, un leuro) por la tabla y marcando letras para hacer palabras.

En la sesión en que participé, la verdad es que no sacamos mucho en claro. Que un señor había matado a otro en Zamora y que teníamos que tener cuidado con una persona que, en realidad, no era peligrosa.

El momento más tenso de la sesión fue cuando le pregunté a una de las presencias que cómo se llamaba y, casi al momento, la música de fondo que teníamos puesta respondío “My name is Ozymandias“.

Aparte de eso, creo que la conclusión es que para hacer una sesión de ouija satisfactoria hacen falta más de dos personas y un poco de práctica.

Racismo y xenofobia

Estrella judiaUna de las cosas que, como friki, me interesan es el uso que se hace del lenguaje cotidiano.

Concretamente, me llama la atención el uso que se hace actualmente de los términos racismo y xenofobia.

Para empezar, hasta hace relativamente poco, estos dos términos ni siquiera existían. Ambos términos se acuñaron a caballo de los siglos XIX y XX.

En origen, el término racismo hacía alusión al concepto de raza (obviamente) y se refería, por un lado, a la creencia de que los miembros de una raza determinada compartían una serie de características comunes y, por otro, que existía cierta jerarquía racial.

Es decir, el racismo es un pensamiento discriminatorio que categoriza a las personas en función de su origen.

La xenofobia, en cambio, es el odio a los extranjeros, a los que vienen de fuera. Teniendo en cuenta que el hecho de que sean extranjeros los sitúa en un conjunto definido por su origen, podemos considerar que la xenofobia parte del racismo. Es decir, que no se puede ser xenófobo sin ser racista.

Así pues, si un habitante de un pueblo siente odio u hostilidad hacia los forasteros que llegan a su pueblo, además de ser xenófobo, está siendo racista, porque considera que esos forasteros forman parte de un grupo (“raza”) y comparten una serie de características que le llevan a odiarles (aunque esas características no estén explícitamente definidas, pueden ser “que vienen de fuera a quitarnos el trabajo y las mujeres”).

Sin embargo, no podemos inferir que todos los racistas sean xenófobos, porque pensar que un grupo de individuos poseen unas características determinadas por el hecho de haber nacido aquí o allí no implica necesariamente un sentimiento hostil hacia ellos.

Ejemplos:

Los judíos son usureros.

Es un argumento racista, puesto que otorga una característica a todos los miembros de un grupo por el simple hecho de su origen.

Hay que matar a los judíos.

Es un argumento xenófobo, porque mueve al odio contra un grupo de individuos por el simple hecho de su origen.

Hay que matar a los judíos porque son usureros.

Es un argumento xenófobo y explícitamente racista porque cumple las dos premisas anteriores.

Sin embargo, estas connotaciones originales se han ido perdiendo con los años y, hoy en día, racismo y xenofobia se suelen usar como sinónimos de facto (aunque, obviamente, no lo sean).

El apego

Ya lo decía Yoda:

El apego lleva al miedo, el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio y el odio… lleva al sufrimiento.

Apego es creer no sólo que poseemos algo, sino que, además, necesitamos poseerlo.

Puede ser un grupo de amigos, la familia, la pareja, un animal de compañía, un coche, un trabajo, una colección de sellos, una ciudad, un proyecto. Puede ser una cosa o pueden ser cientos. Pero, sea lo que sea, sentiremos que hay algo en este mundo que necesitamos para vivir, algo que, si nos faltara, nos sumiría en una profunda tristeza.

El apego forma parte de la naturaleza humana, pero es una poderosa arma que puede jugar contra nosotros porque, efectivamente, cuando crees que posees o formas parte de algo, empiezas a darte cuenta de que no solo puedes perderlo, sino que, invariablemente, llegará un día en que efectivamente desaparezca.

Por ejemplo: imagina que tienes un perro al que adoras, porque lleváis ya mucho tiempo juntos y habéis compartido muchos momentos, porque es un ser que te aporta muchas cosas positivas y, al mismo tiempo, tú se las aportas a él.

Eres feliz con tu perro, con tu gran amigo canino, pero seamos realistas, en el mejor de los casos, el perro envejecerá y morirá en 10, 12, 15 años. Por lo tanto, hay que prepararse para la pérdida desde el mismo momento en el que se produce el apego.

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Reflexiones: homeopatía y SEO

Como sabréis, la homeopatía es una forma de medicina alternativa que consiste en administrar agua con “esencia” de distintas cosas para mitigar los síntomas de distintas enfermedades.

Si bien no se ha demostrado nunca que la homeopatía funcione, todos los estudios hasta la fecha equiparan sus efectos a los del placebo, hay millones de personas en el mundo que acuden a ella y creen firmemente que les ayudará a curarse.

Como suele pasar con estas cosas, aparte de creyentes, siempre hay detractores. En el caso de la homeopatía, hay grandes comunidades críticas que dedican esfuerzos a hacer campaña en contra de esta medicina alternativa.

El SEO es una técnica de marketing destinada a captar visitas que pueden convertirse en clientes potenciales de un sitio web. Como ya comenté hace algún tiempo, la eficacia del SEO no se ha podido medir nunca y, al igual que la homeopatía, cae dentro del mundo de las creencias.

Llegados a este punto, me llama mucho la atención que firmes defensores del SEO se muestren totalmente contrarios a la homeopatía.

Sin embargo, lo veo lógico. Cuando creemos ciegamente en algo, no nos damos cuenta de que nuestros motivos son completamente subjetivos y tan [poco] válidos como los que menospreciamos.

El número de la Bestia

Casualmente, por cosas de la vida, he llegado a leer un post antiguo de un blog que, sinceramente, me parece una magufada.

Aunque la credibilidad que le doy al blog en cuestión, que además está abandonado, es prácticamente nula, parece que los datos que aporta en esta entrada son ciertos, y como soy muy friki, he tenido que investigar un poco más.

Según este post, el número de la bestia no es ni el 666 ni el 616, sino el 1.666.

Esta revelación se basa en 2 puntos, que he comprobado que son ciertos:

1. La velocidad de la Tierra

La circunferencia media de nuestro planeta es de 40.000 Km (aproximadamente, por supuesto).

La Tierra tarda un día en dar una vuelta completa sobre su eje.

Por lo tanto, la velocidad de rotación de la Tierra es de 40.000 Km / 24 h = 1.666,66666… Km/h.

2. “Extraños” sucesos que tuvieron lugar en 1666 d. C.

Por lo visto, ese fue el año del gran incendio de Londres, de la edición de un libro místico, de otro gran incendio en Suecia y algo de un señor que decía ser el nuevo Mesías.

Pero, lo mejor de todo, es la conclusión final.

El 22 de diciembre de 1666, en París, se funda la Académie des sciences, la academia francesa de las ciencias, que fue la institución que definió el valor de un metro y la primera que adoptó el sistema métrico decimal.

El sistema métrico decimal, aparte de todas las ventajas que ofrece respecto a otros sistemas, es precisamente el que hace que la circunferencia de la Tierra sea de 40.000 Km y, por lo tanto, el único sistema de medición que fija la velocidad aproximada de la tierra en 1.666 [unidad de velocidad].

Es decir, que en 1.666 se constituó la academia que, más tarde, acabó “decidiendo” que la velocidad de la Tierra fuera 1.666 Km/h.

Siguiendo con la tónica que tomó este blog hace unos días, y viendo que es como termina el otro post, os hago la siguiente pregunta:

¿Casualidad o causalidad?