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Quejarse es gratis

Hay mucha gente en España (y otros sitios, imagino) que se queja de los políticos que tenemos en general y de los que nos gobiernan, más en concreto.

Sin embargo, un porcentaje considerable de los que tanto se quejan, luego no acuden a las urnas a expresar su opinión con su voto, simplemente se quejan por quejarse, porque quejarse es gratis.

Si tenemos en cuenta la participación de las últimas elecciones generales, vemos que la abstención se situó en el 26,15%.

Los partidos políticos mayoritarios, esos que a muchos parecen no gustarles, acumularon el 83,81% de los votos emitidos (PSOE: 43,87%. PP: 39,94%).

Este bipartidismo aparente es uno de los argumentos más esgrimidos por los abstencionistas, ya que, según ellos, da igual lo que votes, que siempre mandarán los mismos.

Ahora bien.

Supongamos que ese 26,15% descontento hubiera votado cualquier partido distinto a los dos mayoritarios….

  • PSOE habría obtenido un 32,40% de los votos.
  • PP habria obtenido un 29,50% de los votos.
  • Si un sólo partido hubiera obtenido los votos de los descontentos, acumularía 26,16% de los votos y sería tercera fuerza política.
  • Si ese partido hubiera sido IU, habría sumado 29,93% y hubiera sido segunda fuerza política, con capacidad de formar gobierno pactando con otras opciones minoritarias.
  • Si el voto se hubiera dividido entre múltiples opciones, puesto que ni PSOE ni PP llegan a la mayoría absoluta, se habrían visto obligados a buscar nuevas alianzas.

¿Aún creéis que no se puede cambiar la política de este país? ¿O simplemente es más fácil quejarse que actuar?

How-to salvar el mundo: la leche

Creo que no descubro nada nuevo si digo que el mundo cada vez está peor y que es necesario empezar a tomar acciones ya si no queremos que esto se nos vaya definitivamente de las manos.

Por eso, empiezo una nueva sección destinada a promover pequeños gestos que pueden ahorrar muchos quebraderos de cabeza a la humanidad: How-to salvar el mundo.

Para empezar, voy a presentar un cambio que supondría una inversión realmente ridícula, que se amortizaría realmente rápido y que, aunque parezca una tontería, haría más fácil la vida de millones de personas: el color de los envases de leche.

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