La eterna pregunta:
¿Las cosas pasan por algún motivo o es todo cuestión de azar?
Mi respuesta:
A y B son correctas.
¿Cómo puedo decir que todo tiene una causa y, a la vez, decir que es cuestión de azar? ¿No es eso una incoherencia per se?
Tal como yo lo veo, no.
En mi opinión, el azar puro, el azar entendido como “las cosas pasan porque sí y es totalmente imposible predecirlas”, no existe. Para mí, el azar es más como “hay un número indeterminado de posibilidades condicionadas por las circunstancias y muchas veces no somos capaces de predecirlas.”
Si cogemos un dado de 6 caras estándar y lo lanzamos, no sabemos que número saldrá. Llamamos a eso azar, pero, en realidad, si fuéramos capaces de analizar todas las variables implicadas en el proceso de lanzar el dado (posición inicial, ángulo, aceleración, resistencia del aire…) podríamos llegar a predecir con precisión qué número saldrá en el tiempo que oscila entre el lanzamiento del dado y su detención.
El mismo principio puede aplicarse a todo en la vida.
Un día conoces a una persona en el lugar más insospechado, conectáis, os caéis bien y descubrís que tenéis mil cosas en común. ¿Es el destino? ¿Estaba escrito en las estrellas? No, es casualidad.
¿No acabo de decir hace un momento que no creo en la casualidad, que el azar no existe y que, en realidad, todo tiene una causa que podría ser prevista si tuviéramos los datos necesarios? ¿Cómo puedo decir ahora que es casualidad, que no tiene nada que ver con el destino?
Intentaré explicar mi creencia (que como tal debe entenderse, como creencia personal que puede ser errónea).
Imaginad que Antonio conoce a Beatriz en la cafetería de un aeropuerto. Antonio llega pronto y ha ido a la cafetería a hacer tiempo, a Beatriz le han retrasado un vuelo 4 horas y ha ido a la cafetería con un vale de comida de su aerolínea.
El hecho de que Antonio y Beatriz se conozcan, visto desde su perspectiva individual, es fortuito, totalmente imprevisible y casual.
Sin embargo, visto desde un ángulo mayor, se han conocido porque Antonio salió pronto de su casa porque es una persona previsora y prefiere esperar en el aeropuerto a arriesgarse a perder un vuelo, porque el vuelo previo de la aeronave que tiene que llevar a Beatriz a Cerdeña salió tarde por culpa de la niebla, porque están en un aeropuerto pequeño que solo tiene una cafetería y es fácil que se llene, porque…
Hay infinidad de motivos que han hecho posible (e inevitable) que Antonio y Beatriz se conocieran. Sin embargo, ninguno de esos motivos les “pertenece”.
No es que el universo haya confabulado para unirles, el universo no es un ser racional y, por lo tanto, ni siquiera sabe de la existencia de esos dos humanos concretos.
Si crees en el destino, puede que interpretes esto como “que estaba escrito” que esas dos personas tenían que conocerse. Para mí, es solo casualidad, cualquier mínima variación en cualquiera de los factores que ni siquiera somos capaces de enumerar habría alterado el resultado.
Desde mi punto de vista, el azar es eso: las mínimas variaciones imperceptibles y necesarias que hacen que sucedan unas cosas y no otras.
No creo que todo esté escrito y que todo lo que pasa deba pasar; lo que creo es que todo está condicionado, y que si pudiéramos poner en una balanza todos los condicionantes y todas las posibles variaciones, veríamos que todo lo que pasa podría haber pasado de otro modo.