Category: Manifesto

Telepizza y su atención al cliente

A principios de enero de este año, me registré en la web de Telepizza para poder hacer pedidos online, porque considero que es una opción más cómoda que por teléfono.

Tuve algunos problemas en el registro porque habían escrito mal el nombre de mi población, y tuve que recorrer toda la primera letra para acabar deduciendo cuál sería.

Pese a los problemas iniciales, logré registrarme y hacer mi primer pedido.

Ese mismo día, en un alarde de espíritu colaborativo, decidí mandar un mensaje a los administradores de la web para advertirles del problema y que lo pudieran solucionar.

Fui a la sección de Contacto de la web y vi que no aparecía ningún mail, sólo un teléfono de contacto que, además, es un 902.

El siguiente paso fue consultar el aviso legal, y ahí encontré un mail de contacto, que utilicé para contactar con ellos.

Les expliqué el problema que había tenido y les recomendé arreglarlo para evitárselo a futuros posibles clientes que utilicen su web.

Una semana más tarde, recibí un mail de contestación que decía que iban a reenviar el mensaje al departamento apropiado y me dirían algo.

Desde entonces, y han pasado tres meses, no sólo no he obtenido ningún tipo de respuesta, sino que el error sigue ahí.

No entiendo porqué una empresa que dedica tantos esfuerzos en captar clientes con campañas de buzoneo, publicidad tradicional, medios online, etc. cuida tan poco este tipo de detalles.

Teniendo en cuenta el volumen de negocio que les debe reportar la web, es de esperar que tengan personal destinado a su mantenimiento, ya sea en plantilla, ya sea subcontratado.

Modificar un texto mal escrito, sobre todo si sabes donde buscarlo, no te toma ni 20 minutos.

En lugar de eso, prefieren perder clientes.

Ayer les mandé otro mensaje, como follow-up del mensaje original, haciéndoles saber que habían perdido un cliente por su falta de consideración.

La geolocalización mata

Últimamente, desde la popularización de los dispositivos móviles con capacidades GPS o análogas, se han puesto de moda servicios de geolocalización que informan de la posición del usuario con mayor o menor exactitud en tiempo real.

Servicios como Google Latitude o foursquare hacen que revelar al mundo tu ubicación en cada momento resulte hasta divertido.

Sin embargo, yo me pregunto hasta que punto es seguro que cualquiera pueda llegar a saber mi ubicación exacta en cada momento.

(Imagen fusilada del Tumblr de aykrmela)

Con la cantidad de información personal que publicamos hoy en día, sería relativamente sencillo, al menos en teoría, determinar cuando la vivienda de alguien está vacía, durante cuánto tiempo lo estará y qué posesiones de valor podemos encontrar en ella.

Por este motivo, llamadme paranoico, pero prefiero no utilizar sistemas que publiquen mi ubicación en tiempo real. Prefiero hablar de los sitios donde he estado a posteriori.

Di sí a Comic Sans

Era el año del señor de 1994 cuando Vincent Connare, diseñador de tipografías de Microsoft, lanzó al mundo una de las tipografías que más hemos visto en Internet: Comic Sans.

La tipografía era muy mona, con su aspecto informal y juvenil, y pronto se extendió a mil y un lugares. Tanto es así que, en 1999, Dave and Holly Combs lanzaron el sitio Ban Comic Sans para que diseñadores, aprendices e intrusistas dejaran de aplicar tan bella tipografía donde quiera que echaran mano.

Pese a que no soy diseñador, estoy de acuerdo con ellos en que no conviene abusar de la Comic Sans, del mismo modo que tampoco conviene abusar de ninguna otra cosa, pero de ahí a desterrarla de las creaciones del Señor va un largo paso.

De hecho, la corriente anti-Comic Sans sigue tan fuerte que mucha gente odia esta tipografía sin saber siquiera por qué.

Desde aquí hago un llamamiento a los que aún confiamos en la Comic para que nos neguemos a abandonarla definitivamente y, como gesto simbólico, dejo este post para el recuerdo.

¡Di sí a Comic Sans! O, al menos, no la odies simplemente porque has oído que no mola.

Motivación

No, hoy no va de “cuadros motivacionales” de cachondeo para echar unas risas, no. Hoy se trata de motivación de la buena, de la que nos hace levantarnos por la mañana y encarar el nuevo día.

Repetid todos con Ramón: