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De respeto y ofensas

Hoy he escuchado en la radio, concretamente en el programa Protagonistas, de Luis del Olmo, a una oyente que se quejaba del mal trato que había recibido en Cataluña.

La pobre y desvalida mujer entró en una tienda de ropa y una despiadada y cruel dependienta se le dirigió en catalán para atenderla. Después del pánico inicial, le exigió que le hablara en español y se terminó tanta tontería separatista por parte de esa roja judeomasónica.

Puedo imaginarme la situación:

Malvada Dependienta: Bon dia! La puc ajudar?

Víctima Indefensa: [Pánico...] [Terror...] No entiendo el catalán.

MD: ¡Buenos días! ¿Le puedo ayudar?

VI, para sus adentros: (¿Qué le costaba hablar normal de entrada? ¡Estos catalanes!)

Este espantoso atropello me ha recordado situaciones que yo mismo he vivido en mis carnes, aunque en su momento lo viví de forma distinta.

Por ejemplo, en 2008, estaba pasando una semana de vacaciones en Berlín (sin saber yo alemán ni nada) cuando, en un bar, una camarera me atendió en alemán.

Camarera: Bitte, was bekommen Sie?

Yo: Excuse me, I don’t speak German. Do you speak English?

C: Yes, sure!

Yo, para mís adentros: (¡Aleluya!)

Cuando me pasó a mí, no pensé que la camarera fuera un ser malvado que se dirigía a mí en su idioma en un acto de mala fe. En mi inocencia y candor, pensé que lo hizo porque, al no conocerme de nada, no se debió imaginar que era extranjero y no hablaba su idioma.

Es más, cuando descubrí que hablaba inglés, lejos de causarme enojo e indignación por no haberlo usado desde la primera frase que pronunció, me produjo un gran alivio, puesto que la comunicación no se iba a ver interferida.

No sé si será culpa de la educación que he recibido o qué, pero no supe captar la maldad de la camarera al tratarme del mismo modo que trata a los demás clientes, no me di cuenta de que eso constituía una grave ofensa hacia mi persona y, por lo tanto, al no ser capaz de ver que estaba siendo víctima de un atropello, me contenté con solucionar el problema comunicativo en cuestión de segundos y seguir como si nada hubiera pasado.

Ahora, gracias a esa oyente anónima, me doy cuenta de que debí haberme indignado profundamente. ¿Dónde se ha visto que un alemán le hable en alemán, en Alemania, a un perfecto desconocido?

Derecho a la ignorancia

- ¿Cómo? ¿Que le enseñan matemáticas a mi hijo en el colegio? ¡Esto no puede ser!

- ¿Por qué no? ¿Qué tienen de malo las matemáticas?

- ¿Que qué tienen de malo? ¡Eso es lo de menos! Me quejo de que nadie me preguntó si quería que le enseñaran matemáticas a mi hijo.

- Bueno, verás, es que las asignaturas son las mismas para todos los niños. Es como funciona la escuela, bueno, todas las escuelas.

- Me da igual lo que hagan los demás, pero me niego rotundamente a que se le enseñen matemáticas a mi hijo. Además, hoy en día los móviles ya vienen con calculadora.

- Es que las matemáticas no son solo álgebra…

- ¡Que me da igual! A mí las matemáticas no se me dan bien y no puede ser que mi hijo aprenda más que yo, luego se creerá superior a mí y renegará de sus orígenes.

- ¿No crees que estás exagerando un poco las cosas? ¿No sería bueno para tu hijo aprender matemáticas, no crees que puede abrirle muchas puertas en el futuro?

- Me da igual el futuro de mi hijo, lo importante es que no olvide de donde viene y de lo mucho que hemos luchado por estar donde estamos.

Basado en hechos reales.

Sobre la TV

Hoy, en Twitter, he leído una frase con la que estoy completamente de acuerdo:

La TV apendeja hasta donde el pueblo se deja.

No puedo estar más de acuerdo con esa frase, porque la verdad es que muy poquito de lo que se emite en televisión (al menos en España) tiene algún matiz educativo.

No me voy a extender tampoco en mi crítica porque creo que es algo tan obvio que ni siquiera plantea debate.