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Ouija

Hace un tiempo, días antes de la noche de Todos los Santos, o Halloween como lo llaman ahora, participé en una sesión de Ouija.

La ouija, como seguramente sabréis, se trata de una tabla con letras, números y algunas palabras marcadas que se utiliza para ponerse en contacto con espíritus, fuerzas cósmicas, el subconsciente colectivo de los participantes… con algo indeterminado y místico que responde a las preguntas que se formulan moviendo una pieza (en este caso, un leuro) por la tabla y marcando letras para hacer palabras.

En la sesión en que participé, la verdad es que no sacamos mucho en claro. Que un señor había matado a otro en Zamora y que teníamos que tener cuidado con una persona que, en realidad, no era peligrosa.

El momento más tenso de la sesión fue cuando le pregunté a una de las presencias que cómo se llamaba y, casi al momento, la música de fondo que teníamos puesta respondío “My name is Ozymandias“.

Aparte de eso, creo que la conclusión es que para hacer una sesión de ouija satisfactoria hacen falta más de dos personas y un poco de práctica.

Miedo

Hace poco me leí Freakonomics, del economista Steven D. Levitt y el periodista Stephen J. Dubner.

Este libro me lo habían recomendado para entender un poco como funciona la economía y, cuando lo compré, pensé que sería un libro serio sobre economía y eso, pero resultó que no (lo que me hace pensar que tal vez quien me lo recomendó no se lo había leído).

En realidad, Freakonomics trata de la información, de cómo diferentes agentes usan la información para obtener distintos propósitos y generar distintas reacciones. En esencia, el libro viene a decir que hay unos entes llamados expertos que son los que tienen la información (o dicen tenerla) y el resto de mortales que les creemos simplemente porque tienen la etiqueta de expertos.

Nosotros mismos seremos expertos en determinados momentos de nuestras vidas y creyentes en otros.

Por ejemplo, yo no tengo ni idea de coches, absolutamente cero, así que cuando lo llevo al taller, confío en el mecánico y me creo lo que me dice. En este caso, el mecánico goza de una posición de ventaja que podría aprovechar para hacer reparaciones innecesarias, cobrarme de más, etc.

Lo mismo pasa con todo: agentes inmobiliarios, médicos, políticos, abogados, economistas…

Hablando de economistas. A estas alturas, muchos de nosotros conocemos ya a Alessio Ratini. ¿Quién? Sí, hombre, sí. Ese que salió en la BBC diciendo que el mundo se acaba, que vamos a morir todos y que estaba deseando una crisis de estas características para enriquecerse. Aahhh.

Aquí tenemos un claro ejemplo de un señor experto que tiene información (o dice tenerla) y una gran masa de expectadores que, simplemente, no tenemos los conocimientos necesarios para saber si está en lo cierto, si se equivoca, si miente deliberadamente…

Muchos pensamos que es un iluminado más, con una visión de la realidad que tal vez sea acertada o tal vez no lo sea, pero muchos otros le conceden un enorme crédito a una persona que hasta hace 2 días era un perfecto desconocido.

Con esto, lo que quiero decir es que las personas somos realmente muy influenciables. Basta con que un desconocido salga por la tele diciendo cualquier cosa para que automáticamente le creamos. Basta con que lo diga convencido y con corbata.

El apego

Ya lo decía Yoda:

El apego lleva al miedo, el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio y el odio… lleva al sufrimiento.

Apego es creer no sólo que poseemos algo, sino que, además, necesitamos poseerlo.

Puede ser un grupo de amigos, la familia, la pareja, un animal de compañía, un coche, un trabajo, una colección de sellos, una ciudad, un proyecto. Puede ser una cosa o pueden ser cientos. Pero, sea lo que sea, sentiremos que hay algo en este mundo que necesitamos para vivir, algo que, si nos faltara, nos sumiría en una profunda tristeza.

El apego forma parte de la naturaleza humana, pero es una poderosa arma que puede jugar contra nosotros porque, efectivamente, cuando crees que posees o formas parte de algo, empiezas a darte cuenta de que no solo puedes perderlo, sino que, invariablemente, llegará un día en que efectivamente desaparezca.

Por ejemplo: imagina que tienes un perro al que adoras, porque lleváis ya mucho tiempo juntos y habéis compartido muchos momentos, porque es un ser que te aporta muchas cosas positivas y, al mismo tiempo, tú se las aportas a él.

Eres feliz con tu perro, con tu gran amigo canino, pero seamos realistas, en el mejor de los casos, el perro envejecerá y morirá en 10, 12, 15 años. Por lo tanto, hay que prepararse para la pérdida desde el mismo momento en el que se produce el apego.

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Clásicos del Terror: Poltergeist

Entre las películas de terror de los 80, una de las que se mantiene más vigente es Poltergeist.

Si bien es cierto que se ve anticuada tanto por la calidad de imagen y sonido como por la manera de plantear y resolver la trama, es una película que te sigue manteniendo pegado en el sofá hasta que termina.

Escrita por Steven Spielberg y dirigida por Tobe Hooper, la película se centra en una familia estadounidense que empieza a experimentar fenómenos paranormales en su casa unifamiliar en una urbanización en desarrollo. Al principio, se lo toman de buen rollo porque son medio hippies, pero pronto descubren que las posesiones de espíritus no molan.

De esta película, además del hecho de que sigue manteniéndo su fuerza 26 años después, cabe destacar que es (probablemente) la única película de terror estadounidense que empieza con The Star-Spangled Banner, el himno de Estados Unidos:

Durante un tiempo, corrió el rumor que la niña protagonista de la película, que es “abducida” por fuerzas paranormales, se volvió loca y murió en un manicomio. Debo aclarar que eso no es cierto.

Heather O’Rourke, la actriz que interpretaba a la niña, murió a los 12 años afecta de la enfermedad de Crohn.