ago 192011
 

Como en tantos otros campos, el ser humano tiende a simplificarlo todo y a reducirlo a aquello que conoce.

Así, no es infrecuente que muchas personas asocien “religioso” con “creyente”, “creyente” con “cristiano” y “cristiano” con “católico”. Tampoco es raro que se confunda “laico” con “ateo”, como si una persona creyente no pudiera estar a favor de separar la religión del Estado.

Si bien es cierto que algo más de la mitad de la población mundial cree en alguna de las religiones “del libro” (es decir, Cristianismo, Islam o Judaímo), hay que tener en cuenta dos factores importantes:

  1. Que la otra casi-mitad cree en otras (Budismo, Hinduísmo, Sintoísmo, Wicca…)
  2. Que todas las religiones se dividen, a su vez, en multitud de corrientes

Además, no es necesario pertenecer a un grupo establecido para ser una persona religiosa. Puedes tener tu propio sistema de creencias, basadas en dogmas de fe, y “montarte” así tu propia religión, personal e intransferible.

Como dijo Anton Szandor LaVey:

La religión es lo más importante en la vida de una persona. Si los trenes eléctricos son la cosa más penetrante en la vida de alguien, esa es su religión. Cualquier cosa puede ser una religión si significa mucho. Si tu religión actual no es lo más importante en tu vida, entonces déjala. Encuentra lo que más te motive, y haz de ello tu religión.

Vale, LaVey fue un tipo bastante extravagante y muchos diréis que solo era un colgado que montó una secta para darse a la buena vida.

Pero, ¿qué me decís de Albert Einstein? Einstein, que nos dejó un impresionante legado científico, también era un hombre de fe, pese a no creer en dioses personales:

No soy un ateo. No creo que pueda llamarme panteísta. El problema implicado es demasiado vasto para nuestras mentes limitadas. Estamos en la posición de un niño pequeño entrando en una gran biblioteca llena de libros en muchos idiomas. El niño sabe que alguien debe haber escrito esos libros. No sabe cómo. No entiende los idiomas en que están escritos. El niño tenuemente sospecha que hay un orden misterioso en la ordenación de los libros pero no sabe cuál será. Esta es, me parece, la actitud de incluso el humano más inteligente hacia Dios. Vemos el universo maravillosamente ordenado y obedeciendo ciertas leyes, pero solo tenuemente entendemos estas leyes.

Yo, como Einstein y como seguramente millones de personas anónimas, tampoco creo en los dioses personales que promulgan las religiones mayoritarias. Sin embargo, eso no implica que no pueda tener creencias religiosas ni que deba hacer proselitismo para imponer lo que yo creo a los demás.

Respetemos la libertad de culto, estipulada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y las creencias de los demás. Al fin y al cabo, todos somos humanos y, por lo tanto, todos podemos estar equivocados al respecto.

ago 182011
 

Desde hace unos días, se están celebrando en Madrid las Jornadas Mundiales de la Juventud, que es un evento religioso, concretamente cristiano católico, que ha congregado a una multitud de personas en Madrid y otras ciudades de España.

En España, en teoría, hay libertad de culto. Por lo tanto, ser católico es una opción religiosa tan válida como ser evangelista, musulmán, testigo de Jehová, ateo, sintoísta…

Sin embargo, no han sido pocas las voces que se han alzado en contra de estas jornadas por varios motivos, que podemos resumir en uno solo:

Las JMJ son un evento que solo interesa a una parte de la población. Por lo tanto, el resto de la población no tendría que verse afectado.

Es decir, como no todos los españoles somos católicos, no es justo que se adapten espacios, se preparen actos, se corten calles, se modifiquen los horarios del transporte público, se invierta dinero de las organizaciones públicas, etc.

Puedo entender este punto de vista, pero no solo no puedo compartirlo, sino que me indigna ver la doble moral de muchos de los que se quejan por esto.

Ayer tuvo lugar también un partido de fútbol que enfrentaba a los dos principales equipos del país. Cuando hay partidos así, todo el país se para, se amplían los horarios del transporte público, se habilitan nuevas zonas de aparcamiento… y una vez finalizados, cuando toca celebrar la victoria del que corresponda, multitudes de personas salen a la calle, se cortan calles, se alteran los horarios de actos públicos, etc.

Eso sin hablar de la cantidad de dinero de las instituciones que se dedica a apoyar el “deporte”.

Lo que más me llama la atención de todo esto son los fanáticos que, por un lado, se dedican a criticar la visita del Papa porque es un acto solo para católicos y se margina a los que no lo son y, por otro, no solo ven con buenos ojos, sino que además participan en los actos solo para aficionados al fútbol, que marginan a los que no lo son.

Como dijo Álex de la Iglesia: “Si queremos que nos respeten, hay que respetar primero.”

Es imposible que todos y cada uno de los actos que se organicen en nuestro país sean del agrado de todos los españoles. Por lo que debemos empezar a respetar a los que no creen lo mismo que nosotros.

jul 052011
 

Es muy frecuente, al menos en España, mezclar los términos “árabe” y “musulmán”.

Aunque, estrictamente, “árabe” se refiere a los originarios de la península de Arabia, desde hace siglos se suele utilizar para referirnos a:

Perteneciente o relativo a los pueblos de lengua árabe (RAE)

Como vemos, actualmente es una connotación lingüística y cultural, nada que ver con la religión. Se puede ser árabe y no ser musulmán y se puede ser musulmán y no ser árabe, del mismo modo que se puede ser europeo y no ser cristiano y se puede ser cristiano sin ser europeo.

Actualmente, llamamos Mundo árabe al conjunto de países “de habla árabe, cuyos habitantes simpatizan con las aspiraciones de los pueblos de habla árabe.” (Según la definición de la Liga Árabe).

Resumiendo, el mundo árabe está compuesto por 22 países: Arabia Saudita, Argelia, Baréin, Egipto, Irak, Comores, Jordania, Kuwait, Líbano, Libia, Marruecos, Mauritania, Omán, Qatar, Siria, Somalía, Sudán, Palestina (territorios ocupados), Túnez, Unión de Emiratos Árabes, Yemen, Yibuti.

El Mundo islámico, en cambio, se refiere, como su nombre indica, al conjunto de países de mayoría islámica, sean o no estados oficialmente islámicos.

El mundo islámico es mucho mayor que el mundo árabe, puesto que se calcula que 1 de cada 5 personas es musulmana.

Concretamente, se consideran parte del mundo islámico los 47 países siguientes: Afganistán, Albania, Azerbaiyán, Arabia Saudita, Argelia, Baréin, Bangla Desh, Brunéi, Burkina Faso, Chad, Comores, Egipto, Gambia, Guinea, Indonesia, Irán, Irak, Jordania, Kazajistán, Kirguistán, Kosovo, Kuwait, Líbano, Libia, Malasia, Maldivas, Mali, Marruecos, Mauritania, Níger, Omán, Paquistán, Qatar, Senegal, Sierra Leona, Siria, Somalia, Sudán, Tayikistán, Túnez, Turquía, Turkmenistán, Unión de Emiratos Árabes, Uzbequistán, Yemen y Yibuti.

Como vemos, el mapa de los países musulmanes es muy superior al de los países de habla árabe.

may 072011
 

Como sabréis, la homeopatía es una forma de medicina alternativa que consiste en administrar agua con “esencia” de distintas cosas para mitigar los síntomas de distintas enfermedades.

Si bien no se ha demostrado nunca que la homeopatía funcione, todos los estudios hasta la fecha equiparan sus efectos a los del placebo, hay millones de personas en el mundo que acuden a ella y creen firmemente que les ayudará a curarse.

Como suele pasar con estas cosas, aparte de creyentes, siempre hay detractores. En el caso de la homeopatía, hay grandes comunidades críticas que dedican esfuerzos a hacer campaña en contra de esta medicina alternativa.

El SEO es una técnica de marketing destinada a captar visitas que pueden convertirse en clientes potenciales de un sitio web. Como ya comenté hace algún tiempo, la eficacia del SEO no se ha podido medir nunca y, al igual que la homeopatía, cae dentro del mundo de las creencias.

Llegados a este punto, me llama mucho la atención que firmes defensores del SEO se muestren totalmente contrarios a la homeopatía.

Sin embargo, lo veo lógico. Cuando creemos ciegamente en algo, no nos damos cuenta de que nuestros motivos son completamente subjetivos y tan [poco] válidos como los que menospreciamos.

may 062011
 

Casualmente, por cosas de la vida, he llegado a leer un post antiguo de un blog que, sinceramente, me parece una magufada.

Aunque la credibilidad que le doy al blog en cuestión, que además está abandonado, es prácticamente nula, parece que los datos que aporta en esta entrada son ciertos, y como soy muy friki, he tenido que investigar un poco más.

Según este post, el número de la bestia no es ni el 666 ni el 616, sino el 1.666.

Esta revelación se basa en 2 puntos, que he comprobado que son ciertos:

1. La velocidad de la Tierra

La circunferencia media de nuestro planeta es de 40.000 Km (aproximadamente, por supuesto).

La Tierra tarda un día en dar una vuelta completa sobre su eje.

Por lo tanto, la velocidad de rotación de la Tierra es de 40.000 Km / 24 h = 1.666,66666… Km/h.

2. “Extraños” sucesos que tuvieron lugar en 1666 d. C.

Por lo visto, ese fue el año del gran incendio de Londres, de la edición de un libro místico, de otro gran incendio en Suecia y algo de un señor que decía ser el nuevo Mesías.

Pero, lo mejor de todo, es la conclusión final.

El 22 de diciembre de 1666, en París, se funda la Académie des sciences, la academia francesa de las ciencias, que fue la institución que definió el valor de un metro y la primera que adoptó el sistema métrico decimal.

El sistema métrico decimal, aparte de todas las ventajas que ofrece respecto a otros sistemas, es precisamente el que hace que la circunferencia de la Tierra sea de 40.000 Km y, por lo tanto, el único sistema de medición que fija la velocidad aproximada de la tierra en 1.666 [unidad de velocidad].

Es decir, que en 1.666 se constituó la academia que, más tarde, acabó “decidiendo” que la velocidad de la Tierra fuera 1.666 Km/h.

Siguiendo con la tónica que tomó este blog hace unos días, y viendo que es como termina el otro post, os hago la siguiente pregunta:

¿Casualidad o causalidad?